
El sitio arqueológico de Camesa-Rebolledo engloba un conjunto de yacimientos de época romana imperial que se extiende por una superficie aproximada de 17 ha. Desde la década de 1980 se han realizado de manera discontinua intervenciones arqueológicas, localizándose diversos edificios en dos sectores, El Conventón y La Cueva. Ambos lugares formaron parte de un mismo núcleo de población, identificable probablemente con la Ottaviolca / Octaviolca citada en la Geografía de Ptolomeo (II, 6, 50) y la tabla I del Itinerario de Astorga. Los materiales romanos hallados pertenecen en su mayoría al período que va de finales del siglo I al III d.C. Ello nos hace creer que no se ha de poner en relación este núcleo de población con los prata de la Legio IIII Macedonica, que aparecen delimitados en la zona por al menos 19 termini de época de Augusto, como se ha defendido en alguna ocasión. La legión abandonó la Península en época de Claudio (41-54 d.C.) por lo que los prata legionarios ya no estaban en explotación ni delimitados por los termini cuando surgió el núcleo romano situado en Camesa-Rebolledo.

Las termas del sector de La Cueva
Los trabajos arqueológicos en el sector de La Cueva comenzaron en 1986, dirigidos por M. García Guinea, que también intervino en la zona en 1989 y 1991. Posteriormente, ya en este siglo, las excavaciones se retomaron dentro del programa de actividades llevadas a cabo por el taller de empleo Ager Iuliobrigensis, en varias campañas dirigidas por P. A. Fernández Vega. El equipo del proyecto Paisaje Histórico Campoo-Los Valles se hizo cargo de los trabajos en 2015, bajo la dirección de J.M. Iglesias.
En el sector de La Cueva las estructuras excavadas se localizan en dos puntos. En uno de ellos se identificó un edificio de al menos 90 m de longitud por unos 8,50 m de anchura que se dividía en sucesivas estancias. Se trata seguramente de una construcción civil aunque, con los datos disponibles a día de hoy, resulte imposible determinar su función concreta. En la parcela situada al norte se localizan más estructuras, algunas con la misma orientación que la observada en el conjunto anterior. Entre ellas, se ha podido identificar un edificio de uso termal público, excavado en su totalidad en los últimos años. La escasez de materiales, así como el arrasamiento de los muros y pavimentos, han dificultado la interpretación de las estancias y las relaciones espaciales existentes entre ellas, al haberse perdido el nivel de circulación en su interior. No obstante, se han llegado a identificar nueve ambientes distintos. Cinco de ellos, calefactados mediante hipocausto, formaron parte de las zonas caliente y templada del edificio.

El conjunto se completa con cuatro habitaciones que no contaron con sistema de calefacción, entre ellas unas pequeñas letrinas situadas en el extremo NO que disponían de su propio canal de abastecimiento y circulación de agua. Además, se han identificado varias estructuras anexas que probablemente cumplieron la función de almacén o carbonera. El edificio se construyó en el siglo II y siguió en uso hasta el IV d.C. En algún momento de ese período se modificó el acceso a las instalaciones mediante el añadido de un corredor transversal cubierto.
Entre los materiales recuperados en la excavación destacan varios fragmentos de mosaico y pintura mural, la mayoría localizados en una de las estancias calefactadas, posiblemente identificable con una sauna (B2). Las pinturas son de fondo blanco, articuladas en paneles anchos lisos y estrechos decorados con motivos vegetales, dentro de una composición característica de época altoimperial cuya restitución hipotética se ofrece más abajo.

En algunos de los fragmentos pictóricos se han podido reconocer hasta tres repintes, lo que evidencia un uso dilatado en el tiempo para las estancias que los contuvieron. Esta circunstancia puede explicar la disparidad cronológica que se observa entre las pinturas y los fragmentos de mosaico recuperados en la misma zona. A pesar del elevado grado de deterioro que presentan, se puede apreciar parte del esquema compositivo del pavimento de la estancia, que incluía un emblema central polícromo con motivos marinos relacionados con el thiasos o cortejo asociado al tema mitológico de las nereidas, relativamente común en los mosaicos hispanos de los siglos III y IV.


El Conventón
El segundo de los sectores excavados en el yacimiento conserva los restos de un gran edificio organizado en diferentes niveles de suelo, dotado como en el caso anterior de estancias termales. Junto al mismo se localizaron otras cuatro o cinco construcciones más: un taller, un establo y lo que parece haber sido un alojamiento colectivo, a juzgar por la característica distribución de estancias que se observa en su interior. Se han dado varias interpretaciones al conjunto, de las cuales dos han centrado particularmente el debate entre los investigadores: que formase parte de una villa suburbana de planta diseminada o que fuese un establecimiento termal público, emplazado en una de las zonas que daban acceso al núcleo habitado. De las dos es esta última la que cuenta con más puntos a su favor. Los modelos constructivos a los que remiten las edificaciones localizadas, su disposición a lo largo de un antiguo camino y los restos materiales localizados indican que probablemente el complejo formó parte de una estación viaria. Su datación se centra en el siglo II d.C., aunque alguna de las construcciones pudo haberse levantado ya en los años finales de la centuria anterior. En el siglo IV, tanto el edificio mayor, con sus estancias termales, como las otras construcciones vecinas, fueron amortizados cambiando su función para servir de lugares de almacenamiento y uso agropecuario.
Durante la Antigüedad tardía se produjo un cambio notable en la utilización de todo este sector ya que sirvió para dar cobijo a una necrópolis. Sigue ésta los usos atestiguados en otros yacimientos de época visigoda en Cantabria. En un momento dado, en el curso del siglo VII, el cementerio acabó organizándose en torno a un templo cristiano localizado en el mismo lugar, cuyas ruinas son actualmente visibles. Al menos 26 inhumaciones en fosa aprovecharon las estancias del complejo termal romano y su entorno como espacio mortuorio.