La calzada de Segisamo a Portus Blendium a su paso por Campoo

Plataforma de la vía romana en la vertiente sur de Peña Cutral (Cervatos; Campoo de Enmedio)

Con esta entrada damos inicio a una serie de textos en los que de forma gradual se irá detallando el recorrido de la calzada romana que desde su construcción, en época de los emperadores Augusto y Tiberio, sirvió como principal eje vertebrador del territorio cántabro, una vez que éste quedó sometido a la autoridad romana.

UNA VIA MILITAR EN EL INTERIOR DE CANTABRIA

Terminadas las guerras de conquista, comenzó la construcción y acondicionamiento de caminos que facilitasen la circulación por el interior de la antigua Cantabria, haciendo así efectiva su integración en el Imperio romano. La dificultad en el tránsito, notable en los sectores más montañosos, había sido precisamente uno de los principales obstáculos señalados por las fuentes en el desarrollo del conflicto.

Es en estas circunstancias en las que ha de entenderse la construcción de todo un entramado viario que, desde Segisamo (Sasamón, Burgos), cerca del lugar en el que Augusto había emplazado el grueso de sus tropas en el año 26 a.C., iba a discurrir por el interior de Cantabria hasta alcanzar su zona litoral, seguramente en lo que hoy es la localidad de Suances. El conocimiento actual que tenemos del camino principal que organizaba toda la ruta es el resultado de conjugar las indicaciones proporcionadas por la localización de los miliarios erigidos a su paso, en época romana, con los testimonios materiales conservados de la obra original que, afortunadamente, se identifican de forma cada vez más contrastada en la bibliografía. Es así como se puede establecer su trazado general. Inicialmente, éste remontaba el corredor natural formado por los ríos Pisuerga y Camesa en dirección a los pasos de la cordillera cantábrica. Una vez traspasada ésta en el puerto de Pozazal, la ruta cambiaba de vertiente hidrográfica en la actual comarca de Campoo y descendía más adelante por el valle del río Besaya hasta alcanzar su punto de destino en la ría que se forma tras su unión con el Saja.

La reconstrucción gráfica de la red de calzadas romanas en el entorno de la cordillera Cantábrica oriental puede dar una falsa sensación de precisión de la que es necesario advertir. En realidad, el mapa que aquí se puede observar es el resultado de sumar evidencias de distinta naturaleza que hacen que el resultado conjunto tenga una base desigual. En lo que respecta a la calzada que atravesaba Cantabria, destaca la calidad de las informaciones disponibles para la mitad meridional de su recorrido, debido en gran medida a los trabajos de prospección aérea allí realizados por Isaac Moreno. En este sector se conservan partes muy significativas de la obra original que han sido, incluso, objeto de excavación arqueológica, como se detallará en el lugar correspondiente. Al norte de Iuliobriga, sin embargo, el panorama es muy distinto. La intrincada orografía del valle del Besaya y la saturación de infraestructuras modernas encajadas en su interior hacen que sea muy difícil reconocer la traza de los caminos anteriores a la época medieval. Contamos en cualquier caso con preciosas indicaciones, como la localización del miliario del emperador Aureliano en Pedredo de Iguña (nº8 en el mapa), que permiten asegurar que el camino recorría a cierta distancia la margen izquierda del río Besaya. A ello se suman varios tramos de caminos anteriores a la gran reforma viaria del siglo XVIII cuyo trazado no desentona del observado en otros situados más al sur, en los que ha podido confirmarse su atribución romana. Dentro de este grupo se incluye por ejemplo el paso por el collado de Piedrahita, no lejos de la zona de hallazgo del miliario señalado.

El arranque del camino que acabaría convirtiéndose en el eje central de las comunicaciones por el interior de la región, coincide con el punto de partida de la columna central del ejército romano durante la guerra, un detalle destacado ya en su día por autores como A. Schulten y R. Syme. Segisamo se convirtió así en el punto de enlace con la red de calzadas que desde época augustea comunicaban el Noroeste con el resto de la Península. La carretera trazada por el interior de Cantabria no aparece documentada, sin embargo, hasta el reinado de Tiberio, que fue el responsable de su finalización y amojonamiento, a juzgar por las fechas proporcionadas por los miliarios más antiguos conservados en tres puntos distintos de su recorrido, en Olmillos de Sasamón, Herrera de Pisuerga y Menaza, de los años 33/ 34 d.C. Tuvo la condición de via publica o militaris, y estuvo dotada, por tanto, de mansiones y mutationes que daban servicio oficial al viajero acreditado para ello. No obstante, cabe pensar que entre la finalización de las guerras y la conclusión de esta infraestructura pudieron haber existido otros caminos cuyo uso y trazado se relacionase de manera más estrecha con las necesidades de la circulación militar, ya que sabemos –a partir de los primeros trabajos realizados sobre este particular por E. Peralta– que lo ejércitos romanos, en su despliegue, recorrieron preferentemente caminos abiertos en los cordales montañosos o en sus proximidades.

La existencia de variantes de trazado anteriores a la fijación del recorrido de la calzada en época de Tiberio podría explicar algunas aparentes inconsistencias que se observan en la localización de las etapas recogidas en un documento fundamental para el conocimiento de la red viaria en esta parte del norte de Hispania como es el llamado Itinerario de barro o de Astorga. El itinerario recoge en la primera de sus tablas una ruta que recorría Cantabria de sur a norte parcialmente coincidente con la seguida por la calzada que ahora nos ocupa. En el texto se recoge el listado de las estaciones viarias que atravesaba, acompañado de la indicación de las distancias intermedias expresadas en millas. Algunas etapas, como Octaviolca y Iuliobriga –en las actuales Camesa (Valdeolea) y Retortillo (Campoo de Enmedio) respectivamente– corresponden a lugares conocidos también por otras fuentes. Otras, en cambio, se muestran mucho más esquivas en cuanto a su localización, como sucede con Rhama, Villegia, o la propia Aracillum, tradicionalmente identificada con la población de Aradillos o, más probablemente, con algún lugar cercano. No nos ocuparemos aquí del documento en detalle, más allá de hacer algunas observaciones generales sobre la ruta que en él se describe.

Tabla I del Itinerario de barro antes de su restauración (Museo Arqueológico de Asturias). A la derecha, transcripción del texto hecha por A. García y Bellido (1975), con pequeñas modificaciones.

Aunque las cuatro tablas que integran el itinerario de Astorga han sido datadas por termoluminiscencia en un período de tiempo que se centra en el siglo III d.C., es seguro que hacen referencia a caminos de trazado muy anterior. Así lo piensa la mayoría de los autores que se han ocupado del documento, que destacan la antigüedad y singularidad de los recorridos que en él se describen. Este particular ha sido mucho más destacado si cabe en lo que respecta a la tabla I que, según la opinión dominante, estaría indicando los puntos de paso por el interior de Cantabria de una ruta militar de época augustea.

Es en ese contexto temprano en el que se entiende, mejor que en momentos posteriores, la mención de lugares como Aracillum (que solo es citado en los relatos de la guerra) o Legio I(III), en un emplazamiento que se deduce estaba bastante más al norte que el conocido para los cuarteles de invierno de esta legión, localizados en Pisoraca (Herrera de Pisuerga) a partir de las evidencias arqueológicas. La legión se estableció en esta localidad palentina en un momento avanzado de las operaciones militares, en una fecha que se ha situado de forma aproximada en los años 20/ 15 a.C.

La inclusión de Amaia (Peña Amaya o sus proximidades, en la actual provincia de Burgos) entre los puntos de paso del itinerario podría apoyar igualmente esta interpretación. El lugar se encuentra bastante alejado del trazado de la calzada romana que iba a Herrera desde Sasamón, pero no así del camino seguido por la columna central del ejército de Augusto, que presenta una deriva más oriental, que sí atraviesa el entorno de Peña Amaya. Así se deduce del emplazamiento de los campamentos temporales romanos desvelado en los últimos años por la prospección remota y en particular por el localizado en Tortolondro (Sotresgudo, Palencia), muy cerca de Salazar de Amaya. Este camino coincide en gran medida con el identificado en su día por J.A. Abásolo –de Sasamón a Amaya por Sotresgudo– a través de la toponimia, la observación de las fotografías aéreas de la zona y las propias evidencias reconocidas sobre el terreno.

La aceptación de la antigüedad del trazado recogido en la tabla I no obsta para reconocer actualizaciones obvias en el texto, que encontramos, por ejemplo, en el encabezamiento, donde se hace mención de Legio VII Gemina (León) como origen del camino, un lugar que, según es sabido, no pudo haber existido con ese nombre hasta la época de Vespasiano. Se trata de un añadido reciente, que podría encontrar explicación en el propio origen geográfico del documento, al ser éste una recopilación de itinerarios situados en torno a Asturica y Lucus Augusti. Hace ya bastantes años, primero J. González Echegaray y luego Juan Muñiz y José Manuel Iglesias intentaron salvar el escollo que supone hacer partir de León un camino que discurre en su mayor parte por la antigua Cantabria, apuntando la posibilidad de que la Legio VII mencionada en la tabla no se correspondiese en realidad con la capital leonesa, sino con Sasamón, base del ejército romano en la época de Augusto. Estos últimos autores apuntaron también otra posibilidad, más respetuosa, aparentemente, con lo que se dice en el itinerario, según la cual habría que hacer arrancar la vía de un punto de enlace con la red principal -la calzada que de oeste a este comunicaba Asturica Augusta con los Pirineos y el valle del Ebro- situado poco antes de Sasamón, cuya existencia podría rastrearse en el nombre de Rhama dado a la primera de sus estaciones.

En las fechas en las que se produjo finalmente el amojonamiento del grupo de calzadas construido a partir de Sasamón, ya durante el gobierno de Tiberio, la carretera que se dirigía a Portus Blendium pasó a integrarse en una red más amplia cuyo punto de origen o caput se desplazó hasta los castra de la legio IIII Macedonica levantados en su emplazamiento definitivo de Pisoraca (Herrera). Ello hizo que el primer tramo de la antigua vía adquiriese rango de camino diferenciado (a Pisoraca Segisamonem), tal como se deduce del texto inscrito en el miliario de Olmillos, mientras que el resto del trazado, que seguía en dirección a la costa, pasó a conformar la via a Pisoraca Portum Blendium. Herrera de Pisuerga se convirtió así en el nudo principal de la red de carreteras que atravesaba la región cantábrica. Una red de la que formaba parte igualmente la calzada que iba en dirección a Flaviobriga, de la misma época que las anteriores, documentada expresamente en dos miliarios hallados en Otañes, cerca de su lugar de destino en la actual Castro Urdiales. El arranque de esta última arteria, que discurre hacia el este por las estribaciones meridionales de la Cordillera, es uno de los tramos viarios peor conocidos de la región.